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Tus hijos y los videojuegos

Los videojuegos me han gustado desde hace ya muchos años, los juego desde que tenía 10 años, pero es en tiempos recientes cuando el debate si éstos propician la violencia ha crecido. En días pasados fui con mi hija a comprar un GeForce GTX 1080 para su computadora, pues es una gamer apasionada y la necesitaba para instalar un nuevo título, fue esa vez cuando escuché a una madre decirle a su pequeño que no le compraría el Grand Theft Auto V, pues se convertiría en un niño violento. La razón no debería ser esa, pues yo siempre jugué los FIFA y nunca me convertí en un futbolista profesional, la razón debería ser porque no tiene la edad suficiente para ver ciertas imágenes, por eso está catalogado para mayores de 17 años.

Como se habrán dado cuenta, soy un aficionado a los videojuegos y tengo una hija que salió mucho más gamer que yo, mientras que a mi otro hijo le gustan pero no le obsesionan tanto, prefiere estar diseñando o investigando en internet. Desde que eran pequeños, aproximadamente de 10 años, los adentré en este maravilloso mundo. Saqué el Nintendo de mi padre y les puse juegos como los de Mario, Batman y Lolo, éste último cautivó a mi princesa, quien se hizo fanática a los puzzles y a las historias donde tengan que rescatar a una princesa. Conforme fue creciendo comenzó a pedir más títulos tanto para computadora como para Play Statiosn 4, que era mío pero ella también lo disfrutaba. Siempre busco reseñas, videos y me fijo en la categoría del juego, si sé que es violento, me fijo en qué tanto y reflexiono si podrá asimilarlo, pues el mundo está lleno de violencia y lo pasan a diario en las noticias. Así que trato de no prohibirle ningún juego, pero sí estoy al pendiente de las imágenes que entran en su cabeza, no por miedo a que se haga violenta o algo por el estilo, sino porque puede no entenderlas y su cabeza las digerirá de forma errónea.

Con esto me refiero a que estoy en contra de quienes dicen que los videojuegos te vuelven agresivo, pues todo depende de la formación que han recibido los niños en sus casas, pero siempre estoy al pendiente de las imágenes que entran por los ojos de mis pequeños, ya sea en videojuegos, películas, series, noticias, en todo medio audiovisual. No son sólo los videojuegos, es todo lo que sus cerebros reciben lo que podría hacer que modifiquen su conducta.

Pero también me di cuenta que gracias a su pasión por los videojuegos, mi hija desarrolló una extraordinaria capacidad para observar, le encantó el diseño y tiene gran habilidad para dibujar y crear en la computadora y una concentración que muchos envidiaríamos. Esto me alegra, ya que demuestra que con un buen cuidado, sin negarles nada, sólo explicándoles por qué pueden o no jugarlo, los videojuegos pueden ser una gran herramienta para el desarrollo de los niños, pues ninguno de mis hijos ni yo resultamos violentos.

Odio ir al médico

Fue hasta que me sentí muy mal que decidí ir al doctor, quien me recomendó hacerme unos análisis en un laboratorio médico de referencia, gracias a Dios salí bien y no pasó a mayores, sólo que debía cuidar mis niveles de colesterol y otros aspectos que estaban ligeramente altos. Pero esto reafirmó mi miedo a los médicos, hospitales y todo lo que tenga que ver con estos lugares. Muchos les tememos pero pocos saben de dónde o pro qué es este temor. Yo les quiero compartir las razones por las cuales tengo cierta aberración por estos sitios.

El principal motivo y la fuente de este temor es por el miedo a que me diagnostiquen una enfermedad grave e incurable, o alguna que me llevará a la muerte en poco tiempo. No soportaría que un hombre o mujer de bata blanca utilice un tono de voz suave para decirme que tengo cáncer o lupus, aunque el doctor Gregory House diga que nunca es lupus, a mí me da miedo que me lo vaya a detectar. Esta es definitivamente la máxima razón por las cuales no voy a hospitales o consultorios, a menos que me esté muriendo o no soporte el dolor.

A pesar de que me dicen que ir a hacerme chequeos es por mi bien, yo insisto en que me siento bien, pienso que con mi suerte detectarán ciento un tumores en mi cuerpo o una rara enfermedad que no se puede curar. Nunca pensamos que los doctores son nuestros amigos, la mayoría de ellos, pues tuve una experiencia no muy agradable con uno que otro; los vemos como enemigos, como gente portadora de malas noticias. Quizá sea una idea que debamos cambiar.

Otra razón es por la mala experiencia que viví, pues en una ocasión tuve algunos síntomas que me preocuparon, así que mi madre llamó a un doctor que le recomendaron y quien al escuchar mis síntomas, sin revisarme ni nada, gritó: “Acuéstenlo, este niño tiene diabetes, si se mueve demasiado puede perder algún  órgano”. Si no tenía diabetes, me la provocó en ese instante. Era un charlatán de primera. Yo estaba llorando, pensando en que iba a morir y a perder un órgano, así que mi familia buscó por cielo, mar y tierra al doctor de la familia, quien nos dijo que no podía saberlo sin hacer un análisis. Así que me fui a hacer un examen de sangre y resultó que sólo era que mis glóbulos blancos se estaban reventando más rápido. Un medicamento bastó para volver a la normalidad.

Y la tercera y última razón es porque he perdido a dos familiares en hospitales, donde no pudieron curarlos. Quizá culpé a los doctores de la muerte de mis familiares, aunque después supe que hicieron todo lo que estaba entre sus manos. Pero aun así hay veces que pienso que si estoy muy grave nadie me podrá salvar, así que le he comentado a mis familiares que si debo estar hospitalizado por mucho tiempo, prefiero seguir viviendo mi vida fuera de un nosocomio. Aunque sea menos, pero sin estar sufriendo.