El escritor deforme

La siguiente historia que les voy a contar no sé si fue real o es sólo un mito, pero mi imaginación quiere creer que en verdad existió un escritor con el rostro deforme pero una creatividad que va más allá de lo inimaginable. Cuando nos mudamos de casa, mientras mis padres desempacaban nuestras cosas yo decidí dar un paseo por nuestro nuevo hogar, lo que me llevó a un cuarto subterráneo que estaba cerrado con llave. Le pregunté a mis padres si ellos tenían la llave y me dijeron que nunca debía entrar a ese lugar y que no hiciera más preguntas. Esa noche la duda me carcomía, así que esculqué por cada rincón de la casa hasta que encontré la llave. Me dirigí a aquel lugar y giré la cerradura. Bajé por unas escaleras que crujían, lo que me hizo pensar que eran de madera, lo cual comprobé al encender la luz que estaba en el fondo. Cuando los focos iluminaron el lugar, todo estaba empolvado y vacío, sólo había una mesa cubierta con un mantel rojo, unas sillas plegadizas en una esquina y un par de cajas junto a ellas.

Mientras observaba todo el lugar me acerqué a la mesa y al poner mi mano sobre ella, sentí un bulto debajo del mantel, lo quité y había una hoja con algo escrito. “Si estás leyendo esto es porque por fin la muerte ha tocado a mi sótano y ninguna persona tendrá que lidiar con mi fealdad nunca más. Mi rostro deformado siempre fue motivo de miedo, así que mis padres decidieron encerrarme en este lugar hasta que llegué el último de mis días. No sé quién eres, pero por favor usa con inteligencia cada uno de mis escritos que están en las cajas. Atte: El escritor deforme”, leí en la carta. Mis ojos se abrieron como huevos cocidos, casi se quedan en blanco, como mi rostro por la sorpresa. Corría a las cajas y comencé a leer lo que ahí había. Historias macabras, llenas de dolor y oscuridad, pero con un ligero tono de esperanza.

Una era una novela de suspenso, sobre un monstruo que atormentaba las calles, pues la gente decía que las perseguían, pero en realidad sólo era un joven jorobado que se cubría con una sudadera y que cojeaba. El jorobado se suicidó en un callejón lejos de su casa con un letrero que decía: “Aquí yace el monstruo”. Así había varias historias de personas con malformaciones corporales que provocaban miedo, la mayoría terminaban trágicamente, pero sólo una tenía un final feliz, donde la persona encontraba a su media naranja, la cual era común y corriente.

Pero lo que me sorprendió fue un escrito que tenía por título “El escritor deforme. Una malformada biografía”. Se describió por completo, tanto físicamente como emocionalmente. Era muy inteligente, creativo, pero con el alma rota. Al final dl escrito se leía: “Mis padres decidieron vender la casa, están empacando, pero decidieron que yo me voy a quedar aquí, me encerraron con llave y sólo hay una forma de salir y no es con vida. No hay estruendo más fuerte que el de un arma, pero no tengo una, así que espero que el olor de mi cuerpo pudriéndose después de ahogarme en la bañera sea suficiente para alertar a mis padres o a los nuevos inquilinos. Así que es el punto final de mi terrorífica biografía, que a nadie le importa”.