Lo más sencillo puede ser lo mejor

En mi vida muchas veces me dijeron que era mejor pensar simple para salir de algún problema que buscar una solución exuberante que pudiera no salir bien, sobre todo cuando fuera una situación de apremio, sin mucho tiempo para reaccionar. En mi trabajo suelo aplicar este principio varias veces al mes, pues estoy en el área de Relaciones Públicas, donde los imprevistos pueden ocurrir cualquier día y a cualquier hora. Así que debes pensar rápido para solucionar cierto problema y me ha funcionado actuar simple pero efectivo.

La última vez que apliqué dichas enseñanzas fue unas semanas atrás, cuando uno de nuestros clientes más importantes decidió adelantar su reunión con mis jefes dos semanas, por lo que aún no tenía listo los preparativos para recibirlos, pues venían desde Monterrey y siempre les hemos dado una cálida bienvenida, así sólo vengan de entrada por salida. Es una forma de agradecerles que estén con nosotros y nos brinden la confianza de guiarlos por el mundo de los negocios. La gente que estaba a mi cargo comenzó a volverse loca, traté de tranquilizarlos pero varios comenzaron a lanzar ideas rebuscadas, como contratar un banquete, unos canapés franceses y hasta llevarlos a un restaurante lujoso. Ninguna de las ideas iba a funcionar debido a la premura, ya que contábamos con muy pocas horas para nuestra estrategia. Les dije que pensaran en cosas sencillas y que a todos nos gustaran. Al parecer sus mentes estaban diseñadas para pensar en grande y nada más. Si no es exuberante, no es de nivel ejecutivo.

En vista de que no se les ocurría nada, les dije que contratáramos una empresa que hiciera entregas de donas para eventos y pusiéramos una barra con distintos tipos y sabores, desde las clásicas glaseadas hasta las rellenas de zarzamora, mermelada o chocolate. Muy pocos podrían negarse a una rica dona, la cual acompañada por un delicioso café sería una combinación perfecta. Entonces me dediqué a contactar a un amigo de la familia que se dedica a la distribución del líquido energético más tomado por los mexicanos, es decir, tiene personas que venden café de grano en las calles. Le comenté cuántas personas habría y le pregunté si tenía el personal suficiente para mandármelos y así deleitar a nuestros invitados con su delicioso café casero. Ya tenía donas y café, además de que la oficina se vería muy rústica con los cafeteros y eso es grato para la vista.

A pesar de los gestos de desaprobación de los muchachos el resultado fue exitoso, las donas volaron y nuestros clientes regios quedaron maravillados con el café, el cual vieron cómo se calentaba al carbón y podían preparárselo con leche, crema o sólo azúcar. Las donas volaron como pan caliente y no quedó rastro de ellas, incluso creo que faltaron, pero no contemplábamos que se comerían cinco o más, en verdad demostraron ser de buen diente. Pensamos simple y la efectividad continuó siendo del cien por ciento. Así que ya lo saben, lo más sencillo puede sacarlos de un apuro.