Odio ir al médico

Fue hasta que me sentí muy mal que decidí ir al doctor, quien me recomendó hacerme unos análisis en un laboratorio médico de referencia, gracias a Dios salí bien y no pasó a mayores, sólo que debía cuidar mis niveles de colesterol y otros aspectos que estaban ligeramente altos. Pero esto reafirmó mi miedo a los médicos, hospitales y todo lo que tenga que ver con estos lugares. Muchos les tememos pero pocos saben de dónde o pro qué es este temor. Yo les quiero compartir las razones por las cuales tengo cierta aberración por estos sitios.

El principal motivo y la fuente de este temor es por el miedo a que me diagnostiquen una enfermedad grave e incurable, o alguna que me llevará a la muerte en poco tiempo. No soportaría que un hombre o mujer de bata blanca utilice un tono de voz suave para decirme que tengo cáncer o lupus, aunque el doctor Gregory House diga que nunca es lupus, a mí me da miedo que me lo vaya a detectar. Esta es definitivamente la máxima razón por las cuales no voy a hospitales o consultorios, a menos que me esté muriendo o no soporte el dolor.

A pesar de que me dicen que ir a hacerme chequeos es por mi bien, yo insisto en que me siento bien, pienso que con mi suerte detectarán ciento un tumores en mi cuerpo o una rara enfermedad que no se puede curar. Nunca pensamos que los doctores son nuestros amigos, la mayoría de ellos, pues tuve una experiencia no muy agradable con uno que otro; los vemos como enemigos, como gente portadora de malas noticias. Quizá sea una idea que debamos cambiar.

Otra razón es por la mala experiencia que viví, pues en una ocasión tuve algunos síntomas que me preocuparon, así que mi madre llamó a un doctor que le recomendaron y quien al escuchar mis síntomas, sin revisarme ni nada, gritó: “Acuéstenlo, este niño tiene diabetes, si se mueve demasiado puede perder algún  órgano”. Si no tenía diabetes, me la provocó en ese instante. Era un charlatán de primera. Yo estaba llorando, pensando en que iba a morir y a perder un órgano, así que mi familia buscó por cielo, mar y tierra al doctor de la familia, quien nos dijo que no podía saberlo sin hacer un análisis. Así que me fui a hacer un examen de sangre y resultó que sólo era que mis glóbulos blancos se estaban reventando más rápido. Un medicamento bastó para volver a la normalidad.

Y la tercera y última razón es porque he perdido a dos familiares en hospitales, donde no pudieron curarlos. Quizá culpé a los doctores de la muerte de mis familiares, aunque después supe que hicieron todo lo que estaba entre sus manos. Pero aun así hay veces que pienso que si estoy muy grave nadie me podrá salvar, así que le he comentado a mis familiares que si debo estar hospitalizado por mucho tiempo, prefiero seguir viviendo mi vida fuera de un nosocomio. Aunque sea menos, pero sin estar sufriendo.