Pelear por nuestra civilización

El día de ayer, al estar volando en un vuelo de Interjet, escuché a unos holandeses sentados atrás de mí, quienes estaban hablando del señor Geert Wilders, un candidato al poder del Reino de Holanda cuyas ideas son conservadoras y aboga por tomar un camino similar de los británicos y recuperar su patria.

Desde hace tiempo he estado siguiendo a este candidato y analizando sus propuestas y sus acciones, ya que me ha llamado mucho la atención que por fin, después de años, ha visto lo que los demás, en general, no habían podido ver y siguen sin ver; esto es la destrucción de la civilización occidental a manos del Islam.

Al principio, la mayoría de los holandeses estaban completamente en contra del señor Wilders, debido a que los hijos e hijas de la Unión Europea están hipnotizados por un sistema obscuro con muy obscuras intenciones, un sistema que de triunfar, traerá con su victoria el genocidio más grande de la historia de la humanidad.

Así es, el día de hoy  Europa y la sociedad occidental están pasando por un genocidio cultural que busca desaparecer a toda una civilización del mapa y remplazarla con otra para poder realizar una agenda peor que cualquier otra en la historia, una agenda de la cual no hablaré en este momento.

Desde hace ya varios años, tras haber vivido en Europa en varias ocasiones, llevo tratando de despertar a todos aquellos con los que hablo sobre el peligro de la erradicación de la sociedad occidental y de la pérdida de la libertad por la cual nuestros antepasados pelearon con tal rigor para podernos heredar un mundo libre.

Al decir esto, la mayoría de las personas me califican de racista y me han llamado hasta Nazi en muchos lugares; esto es, por supuesto, debido a que no conocen verdaderamente a la doctrina Nazi, ya que si la conocieran entenderían que mi discurso y el de ellos no tiene ningún tipo de coincidencia ni similitud.

Yo soy una persona que cree arduamente en el respeto entre los individuos y entre todas las clases sociales, creo en la empatía con los que sufren. Creo en la soberanía de todos los pueblos y en el respeto a sus creencias dentro de sus propias fronteras y creo en la amistad entre los pueblos cuando todos tienen su lugar. Sin embargo, creo arduamente en la ley y el orden valores de una verdadera civilización; creo en la pena absoluta cuando las fronteras se rompen y cuando los invitados intentan subyugar a sus anfitriones y creo en la conservación de las raíces y tradiciones de los pueblos; creo en la guerra cuando se trata de defender la soberanía de los pueblos y creo en tomar medidas extremas cuando la libertad está en juego.

Como muchas ideologías, la mía tiene fundamentos en experiencia propia, al haber estado abordo un tren donde se encontró una bomba en Bruselas en mi propio vagón y he sido atacado cobardemente por 20 o 30 musulmanes a la vez más de tres veces en Europa.

Nunca descansaré, hasta mi último respiro, para contribuir a la salvación de nuestra civilización.